El naufragio del relato y el fin de los decretos mágicos
23.05.2026
Lo que pasó en la Legislatura no fue un debate: fue un cachetazo político en cadena. Una paritaria de poder donde el Gobernador entró sin números, sin calle y sin respaldo, y salió con el relato hecho trizas. No perdió una votación: perdió la autoridad simbólica. Perdió el mando. Perdió la mística. Perdió la idea de que todavía manejaba el tablero.
El naufragio del relato y el fin de los decretos mágicos
Por José María Barretta
El oficialismo quiso vender la reforma como un faro para los próximos 30 años, pero terminó mostrando que ni siquiera puede encender la luz del pasillo. Hablar de modernización institucional mientras la provincia se cae a pedazos es como querer pintar el casco del barco mientras entra agua por todos lados. Y en Tierra del Fuego, cuando entra agua, te hundís rápido.
La Legislatura hizo lo que la calle venía mascando hace rato: le puso un freno al atrincheramiento. Le dijo al Ejecutivo que la provincia no es un kiosco de decretos ni un feudo donde el veto funciona como látigo. Le recordó que gobernar no es jugar al TEG con la Constitución, sino bancarse el frío, la energía que no alcanza, las escuelas sin clases y el gas que te parte el sueldo al medio.
El 9 de agosto murió antes de nacer. Una fecha fantasma, un invento que se evaporó en cuanto la política real —la que pisa barro, la que escucha a la gente, la que sabe cuánto cuesta llegar a fin de mes— decidió que ya estaba harta del experimento.
El Gobernador quedó solo. Solo en serio. Solo de esos silencios que hacen ruido.
Solo defendiendo una reforma que nadie pidió, que nadie creyó y que nadie va a llorar.
Solo, mirando cómo la Legislatura le baja la persiana al último truco del manual.
Porque eso es lo que se terminó: los decretos mágicos.
La idea de que un papel firmado puede tapar la crisis energética, los hospitales sin insumos, los despidos en Río Grande o el gas que te come medio sueldo.
La fantasía de que la política se ordena desde un escritorio y no desde la calle.
Ahora empieza el invierno más largo para el Ejecutivo.
Sin reforma, sin relato, sin aliados.
Con la provincia prendida fuego y la gente mirando.
Y con una certeza que ya nadie discute:
En Tierra del Fuego, cuando gobernás de espaldas a la gente, el hielo no perdona.
Fuente: CONSENSO PATAGONICO


