Lo que pasó en la Legislatura no fue un debate: fue un cachetazo político en cadena. Una paritaria de poder donde el Gobernador entró sin números, sin calle y sin respaldo, y salió con el relato hecho trizas. No perdió una votación: perdió la autoridad simbólica. Perdió el mando. Perdió la mística. Perdió la idea de que todavía manejaba el tablero.

















