“Vemos caer el consumo mes a mes y las empresas se vuelven inviables”, expresó Rodrigo Cárcamo
23.06.2026
El secretario general de SETIA, Rodrigo Cárcamo, describió un panorama alarmante para la industria manufacturera debido a la estrepitosa caída del poder adquisitivo y la apertura de importaciones.
“Vemos caer el consumo mes a mes y las empresas se vuelven inviables”, expresó Rodrigo Cárcamo
Río Grande – El secretario general de SETIA, Rodrigo Cárcamo, ante la falta de ventas y con niveles de producción inferiores a los de la pandemia, el sector textil en Tierra del Fuego sobrevive con una dotación mínima de personal tras perder más del 60% de sus puestos de trabajo en el último año y medio. Frente a este escenario, los operarios optan por regresar a sus provincias de origen o migrar temporalmente al exterior, mientras las casas matrices en el continente ensayan los primeros cambios vigentes bajo la reforma laboral de la Ley Bases.
Al evaluar el escenario actual de la actividad fabril, Cárcamo indicó que “se observa una recesión que no da tregua y que se expresa, de manera cruda, en el desempleo y el desmantelamiento productivo. La realidad cotidiana demuestra que mes a mes el consumo interno se desploma, lo cual deteriora de forma directa la capacidad de los trabajadores”.
El dirigente textil advirtió que “los ingresos de los trabajadores arrastran una pérdida cercana al 40% en su poder de compra, una dinámica que profundiza el desplome de la actividad y que se refleja fielmente en los indicadores del territorio nacional, donde ya se contabiliza la desaparición de 14.000 puestos de trabajo en el circuito formal”.
Esta combinación entre el retroceso del mercado interno y la desregulación aduanera agrava de forma constante las condiciones laborales, configurando un escenario de destrucción fabril que carece de antecedentes cercanos. En lo inmediato no aparecen señales de alivio. “Se proyectan semanas complejas donde los pocos establecimientos que continúan en pie intentan subsistir a los meses de invierno. Ante la falta de demanda genuina, a las firmas se les vuelve imposible sostener la rentabilidad mínima y el negocio se torna directamente inviable”, afirmó el referente de SETIA.
“La parálisis de la producción actual queda en evidencia al constatar que las plantas textiles operan hoy un 25% por debajo de los registros obtenidos durante las restricciones sanitarias de la pandemia, una etapa que ya había sido sumamente desfavorable”, indicó. Esta contracción drástica provocó que el plantel general de operarios se reduzca notablemente, quedando apenas un remanente de 250 trabajadores en actividad. La contracción implica haber resignado más de la mitad de la fuerza laboral en apenas un año y medio, registrando “los niveles de ocupación más bajos de la historia sectorial”, afirmó Cárcamo.
Según estimaciones del gremio, este piso histórico supera incluso la degradación vivida durante la crisis de 2001. En aquella oportunidad, si bien las fábricas recortaron las jornadas laborales a cuatro días por semana, el entramado corporativo resistió y no se llegó al extremo actual de cierres definitivos. Respecto de las transformaciones regulatorias impulsadas por la administración central, Cárcamo confirmó que en los establecimientos de la isla aún no se registran aplicaciones directas, pero advirtió que los informes de las sedes matrices del continente confirman que “diversas firmas ya intentan implementar los nuevos esquemas de liquidación de despidos y la modalidad del banco de horas” contemplados en la nueva legislación.
El impacto social de esta desocupación creciente se traduce en un fenómeno de emigración de antiguos operarios fabriles, que se ven obligados a abandonar la provincia debido a la falta de alternativas locales. “Numerosos compañeros de extensa trayectoria iniciaron el retorno hacia sus distritos de origen en el norte del país, mientras que un grupo intenta paliar la falta de ingresos trasladándose temporalmente hacia el vecino país de Chile”, indicó. Esta alternativa presenta serias dificultades de carácter burocrático y documental, transformando a los trabajadores en “migrantes golondrina que se desplazan por temporadas cortas, dado que son muy contados los operarios que logran reinsertarse con éxito en otros rubros de la economía local”, explicó.
Las expectativas para el resto del año anticipan un escenario complejo para el conjunto de la industria manufacturera. La ausencia de herramientas de asistencia oficial o medidas paliativas que amortigüen el impacto económico condena a los diferentes sectores productivos a transitar un escenario de vulnerabilidad extrema, donde la crisis textil se profundiza y se extiende al resto de las actividades fabriles del país.
Fuente: CONSENSO PATAGONICO

