Murió Taty Almeida, referenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y símbolo de la lucha contra la impunidad
14.06.2026
La búsqueda de Lydia Estela Mercedes Miy Uranga comenzó en junio de 1975, cuando la Triple A desapareció a su hijo Alejandro. Jamás logró dar con sus restos. Referente indiscutida del movimiento de derechos humanos, será recordada como una militante de la vida.
Murió Taty Almeida, referenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y símbolo de la lucha contra la impunidad
Lo último que le escuchó decir fue “mamá, ya vengo”. Ella miró el reloj y despotricó porque estaba por servir la comida. Alejandro salió. Y ya no regresó. Ese 17 de junio de 1975 empezó una búsqueda desesperada por ese hijo al que le habían arrebatado. Una búsqueda de 51 años que la llevó a golpear las puertas de los militares más poderosos y a reclamar siempre “justicia legal”, como le gustaba decir. A los 95 años falleció Taty Almeida, presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y referente indiscutida del movimiento de derechos humanos de la Argentina.
Lydia Estela Mercedes Miy Uranga nació el 28 de junio de 1930. La llamaban “Taty”. Su padre, que se retiró con el grado de teniente coronel, integraba el arma de caballería; su madre era ama de casa. La familia, por el destino militar del padre, vivió en varias ciudades del interior hasta que se asentaron en Lacroze y Cabildo, en el barrio porteño de Belgrano.
En su hogar no simpatizaban con el peronismo. Las hermanas se casaron con integrantes de la Fuerza Aérea. Con el tiempo, su hermano Carlos llegó a ser coronel del Ejército. En Buenos Aires, Taty se recibió de maestra y, a los 21 años, se casó con Jorge Almeida, quien también provenía de familia castrense. Un accidente dejó a su esposo fuera de las fuerzas y este se dedicó a trabajar como despachante de aduanas. Con Jorge tuvieron tres hijos: Jorge Martín en 1953; Alejandro Martín en 1955 y María Fabiana en 1956.
El matrimonio duró hasta 1970. Entonces, Taty habló con sus hijos y les comunicó que se iba a divorciar. Les pidió que consiguieran un trabajo y que terminaran sus estudios de noche. Ella empezó a trabajar como secretaria en un consultorio mientras también realizaba encuestas.
Taty le consiguió empleo a Alejandro en Télam. Uno de sus cuñados era el interventor de la dictadura de la Revolución Argentina; sin embargo, Alejandro no dudó en organizar protestas en la agencia de noticias. Con su acreditación de periodista pudo cumplir un sueño: entrar a un recital de Joan Manuel Serrat, acercarse y regalarle una de las pulseritas que fabricaba. En 1974, Alejandro ingresó a trabajar al Instituto Geográfico Militar. Para entonces, estudiaba medicina en la Universidad de Buenos Aires (UBA) y militaba en el Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP).
–Esta gorilita... Sin embargo, yo la quiero tanto– le decía a su mamá mientras la abrazaba.
Cuando lo secuestraron, Taty comenzó su peregrinar. Fue a golpear las puertas de militares conocidos de su entorno: Orlando Ramón Agosti, Leopoldo Fortunato Galtieri, Albano Harguindeguy y Ramón Camps, entre otros. El 24 de marzo de 1976, ella tuvo cierta esperanza. Pensó que con la irrupción de las Fuerzas Armadas iba a obtener alguna respuesta. Nada de eso ocurrió.
Tardó en sumarse a las Madres de Plaza de Mayo por temor a que la consideraran una infiltrada debido a su procedencia familiar. Cuando finalmente tomó coraje y se acercó a la Casa de las Madres, entonces en la calle Lavalle, lo primero que vio fue la pared repleta de los rostros de los desaparecidos. Por primera vez sintió que la tragedia que padecía desde junio de 1975 no la afectaba únicamente a ella.
La atendió María Adela Gard de Antokoletz, vicepresidenta de la asociación. Taty hizo catarsis: lloró, maldijo y se reprochó la demora en acercarse. –No, mi hijita –la contuvo María Adela–. Cada Madre tiene su momento, y este es el tuyo.
En septiembre de 1979, hizo fila en Avenida de Mayo para denunciar la desaparición de Alejandro ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). El 10 de diciembre de 1983, volvió a colgar la bandera argentina en su casa, esperanzada con la recuperación democrática. A pesar de que las Madres exigían inicialmente una comisión bicameral, no dudó en testificar ante la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep). “Si me dicen que hay un brujo acá en la esquina con datos de Alejandro, yo voy”, argumentó en su momento.
Dentro del movimiento de derechos humanos, Taty fue una de las principales promotoras de visibilizar que la represión paraestatal y el terrorismo de Estado habían comenzado antes del 24 de marzo de 1976. A ella el horror la había golpeado nueve meses antes, durante el gobierno constitucional blindado por el accionar de la Triple A.
“Yo me siento parida por Alejandro. Me bajó de esa burbuja en la que toda la vida había vivido. Y estoy muy orgullosa de que él haya sido quien me parió. Yo era una gorila fatal. Todo eso fue después de lo de mi hijo”, se sinceró en una entrevista para el Archivo Oral de Memoria Abierta. “Es mentira eso que te dicen que el tiempo cura las heridas. Yo cada vez lo extraño más. Yo querría tener aunque sea un huesito de Alejandro”.
Una despedida en versos
Taty no sabía que su hijo escribía poesías. Encontró los textos en una agenda tras el secuestro:
“Si la muerte me sorprende lejos de tu vientre, porque para vos los tres seguimos en él, si me sorprende lejos de tus caricias que tanto me hacen falta, si la muerte me abrazara fuerte como recompensa por haber querido la libertad, y tus abrazos entonces sólo envuelven recuerdos, llantos y consejos que no quise seguir, quisiera decirte mamá que parte de lo que fui lo vas a encontrar en mis compañeros... Si la muerte me sorprende de esta forma tan amarga, pero honesta, si no me da tiempo a un último grito desesperado y sincero, dejaré el último aliento para decir te quiero.”
La conmovió profundamente descubrir que Alejandro, a sus 20 años, presentía el desenlace y se despedía de ella.
A lo largo de los años, Taty fue encontrando a Alejandro en sus compañeros de militancia. Solía recordar con gracia que una vez vio una estrella de cinco puntas y le preguntó a su hijo si era la estrella de David. Con más dolor evocaba otra anécdota: cuando viajó a Marruecos junto a su hijo Jorge, les bajaba las chilabas a los hombres que se tapaban la cabeza con la persistente ilusión de comprobar si alguno de ellos era Alejandro.
No pudo encontrar los restos de su hijo ni conocer el destino final tras su secuestro. Durante todas estas décadas, Taty siguió viviendo en el mismo departamento de Palermo desde donde lo vio partir.
Defender la alegría como trinchera
En los últimos años, al frente de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Taty continuó siendo un puente de unidad política, visitando a referentes de todo el arco nacional y popular, incluida la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Fue el motor fundamental de la mesa de organismos de derechos humanos que coordinó la histórica y masiva movilización del pasado 24 de marzo de 2026, al cumplirse exactamente medio siglo del golpe de Estado.
Ni la tristeza ni la derrota estuvieron jamás unidas a su nombre. Repetía “no nos han vencido” como un mantra. Gozaba de la militancia y la comunicación en el programa ¿Qué me contás? por la AM750, el cual compartía con Camilo “Charly” Pisoni y Paula Maroni, integrantes de H.I.J.O.S. Para ella era vital constatar que la posta de la Memoria, la Verdad y la Justicia estaba asegurada en las nuevas generaciones.
En abril pasado, se emocionó profundamente cuando la Universidad de Buenos Aires (UBA) la distinguió con el Doctorado Honoris Causa, rodeada de su hija Fabiana y sus nietos. “Le demostramos al gobierno de Javier Milei que la resistencia continúa”, afirmó con el vigor de siempre. Cada vez que recibía un reconocimiento, imaginaba a Alejandro sonriendo: “Mirá en lo que se convirtió la gorilita”.
Taty no dejó nada librado al azar. Pidió expresamente que su funeral se realizara en la Federación de Obreros y Empleados Telefónicos de la República Argentina (FOETRA), espacio sindical donde tantas veces celebró sus cumpleaños. “Quisiera que me recuerden con mi carácter –chinchuda–, con mis discusiones y con esa alegría de vivir”, sostuvo en la entrevista que inauguró el ciclo de charlas de Página/12 por los 50 años del último golpe.
Taty falleció este domingo a las 19:20 en el Hospital Italiano, donde se encontraba internada y acompañada por sus seres queridos. Su partida deja una herida profunda en el tejido social y político argentino. En cada marcha futura, el vozarrón de Taty Almeida seguirá exigiendo que los 30.000 detenidos-desaparecidos estén, hoy y siempre, presentes.
Información de Página 12 temas en esta nota: Taty Almeida, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, Derechos Humanos, Dictadura Militar, Triple A, Alejandro Almeida, FOETRA.
Fuente: CONSENSO PATAGONICO


