Reserva Costa Atlántica: 220 kilómetros de costa protegida y el desafío clave de su conservación
31.07.2026
Comprende más de 28.600 hectáreas entre Cabo Nombre y el río Ewan. Con estatus provincial e internacional, la zona es vital para aves migratorias y especies marinas. Desde el cuerpo de guardaparques advierten sobre el impacto de la presencia humana y los perros sueltos.
Reserva Costa Atlántica: 220 kilómetros de costa protegida y el desafío clave de su conservación
La Reserva Costera Natural Costa Atlántica de Tierra del Fuego, declarada mediante la Ley Provincial 415 en 1998, representa una de las áreas protegidas de mayor extensión en la provincia. Con un frente costero de aproximadamente 220 kilómetros y 28.600 hectáreas, el área resguarda la franja intermareal comprendida entre Cabo Nombre —al norte de la Bahía San Sebastián— y la desembocadura del río Ewan.
El espacio intermareal reúne ecosistemas de alta biodiversidad que incluyen planicies de marea, estuarios, acantilados, restingas y dunas. Además de su relevancia provincial, el área integra redes de conservación internacional por constituir un sitio crucial de alimentación y descanso para especies de aves migratorias transcontinentales, tales como la becasa de mar, el playero rojizo y el playerito rabadilla blanca.
Gestión, control y presiones sobre el ecosistema
El guardaparque provincial Juan Mayorga detalló las tareas de monitoreo, fiscalización y mantenimiento que requiere el área protegida: «El trabajo combina relevamientos censales programados con intervenciones de control, educación ambiental e instalación de señalética descriptiva sobre la normativa vigente».
Entre las principales problemáticas identificadas por el personal de campo se destaca el impacto de la fauna doméstica sin control sobre la costa. La presencia de perros sueltos genera alteraciones directas en las rutas de descanso y alimentación de la avifauna marina, además de restar seguridad a los usuarios de la zona costera.
Ecosistemas submarinos y praderas intermareales
La reserva alberga también un fenómeno ecológico singular relacionado con las praderas de algas pardas (Macrocystis pyrifera). A diferencia de otras latitudes donde estas algas se desarrollan verticalmente en aguas más profundas, en la costa atlántica fueguina crecen en forma horizontal sobre la franja intermareal, quedando expuestas durante las bajas mareas.
Este entorno proporciona refugio, alimento y zonas de cría a peces, moluscos, crustáceos y condrictios (tiburones y rayas), funcionando como un indicador primario del estado de salud del ecosistema marino frente al cambio climático.
Desde el cuerpo de guardaparques enfatizan la importancia de consolidar la conciencia comunitaria para garantizar que el uso público de la costa no comprometa la integridad de sus recursos naturales.
Fuente: CONSENSO PATAGONICO


