Las multitudinarias despedidas al Indio Solari reflejan el acompañamiento de la gente a un ícono de la contracultura
07.06.2026
Una marea humana y espontánea transformó la Plaza de Mayo en un santuario ricotero. El homenaje popular a la obra de la banda más influyente del rock argentino demostró que las banderas de los Redondos no solo representan un fenómeno musical, sino una identidad territorial y política ineludible.
La noche en que las bandas bajaron a la Plaza: el idilio eterno de Patricio Rey en el corazón político del país
La convocatoria no necesitó de aparatos políticos ni de pautas publicitarias. Bastó la fuerza centrífuga de una obra que marcó a fuego las últimas cuatro décadas de la historia argentina. Esa noche, miles de gargantas se congregaron frente a la Casa Rosada no para protestar, sino para celebrar el mito de Patricio Rey, encarnando el pogo más grande del mundo en el epicentro de las grandes gestas nacionales.
Las diagonales de Buenos Aires se convirtieron en venas por donde marcharon generaciones enteras de fieles. Desde los suburbios bonaerenses hasta el corazón de la Capital, el cancionero de los Redonditos de Ricota funcionó como un espejo de la resistencia cultural. La Plaza, históricamente reservada para la liturgia partidaria, se tiñó de una mística distinta: la de la autogestión y el sentimiento contracultural.
El tributo popular a los creadores de una discografía indispensable dejó en claro que el fenómeno excede la nostalgia. En un contexto donde los lazos sociales se debaten en la virtualidad, la ocupación física del espacio público por parte de la feligresía ricotera reafirmó que el legado de la banda sigue vivo, interpelando el presente y disputando el sentido de la cultura popular en el territorio.
Fuente: CONSENSO PATAGONICO



