Murió esperando: el caso que expone el derrumbe de OSEF y sacude a toda Tierra del Fuego
09.01.2026
La muerte de un vecino de Río Grande, que no recibió la medicación que necesitaba por un conflicto administrativo con OSEF, reabrió una herida que la provincia ya no puede ocultar: un sistema de salud estatal colapsado, familias peregrinando por respuestas y una obra social que acumula denuncias, demoras y silencios.
Murió esperando: el caso que expone el derrumbe de OSEF y sacude a toda Tierra del Fuego
La muerte de un vecino de Río Grande, que no recibió la medicación que necesitaba por un conflicto administrativo con OSEF, reabrió una herida que la provincia ya no puede ocultar: un sistema de salud estatal colapsado, familias peregrinando por respuestas y una obra social que acumula denuncias, demoras y silencios. El caso volvió a encender la bronca social y puso en jaque a la dirigencia política.
La muerte de un hombre de Río Grande, que llevaba semanas esperando una medicación vital que nunca llegó por trabas administrativas en OSEF, se convirtió en un punto de quiebre para la comunidad fueguina. No es el primer caso, pero sí uno que condensó el hartazgo social frente a un sistema que parece funcionar al borde del abandono.
El episodio volvió a exponer un problema que la dirigencia provincial conoce desde hace años: la crisis estructural de OSEF. Falta de presupuesto, demoras en pagos a proveedores, burocracia interna y una conducción que no logra estabilizar la obra social conforman un cóctel que se repite gestión tras gestión.
La muerte del paciente no es un hecho aislado, sino la consecuencia de un deterioro progresivo. Legisladores, sindicatos y organizaciones sociales vienen advirtiendo que la obra social está en un punto crítico. Sin embargo, las soluciones estructurales siguen sin aparecer y la discusión política se limita a parches, acusaciones cruzadas y promesas que no llegan a materializarse.
La familia del hombre fallecido había denunciado públicamente la falta de respuestas. Habían golpeado puertas, presentado notas y expuesto la urgencia del tratamiento. La medicación estaba aprobada, pero nunca se liberó. El tiempo, que para la burocracia es un trámite, para el paciente era vida.
Vecinos, organizaciones y trabajadores de la salud acompañaron el reclamo, señalando que la situación se repite en tratamientos oncológicos, estudios de alta complejidad y derivaciones que se demoran meses. La muerte del vecino de Río Grande se convirtió en símbolo de una angustia colectiva: la sensación de que el sistema abandona a quienes más lo necesitan.
Crudeza, bronca y denuncia directa.
En la calle, la lectura es otra: “Lo dejaron morir”.
La bronca es palpable. La gente no habla de “problemas administrativos”, sino de una obra social que no funciona, de funcionarios que no dan la cara y de un Estado que mira para otro lado mientras las familias se endeudan, esperan y rezan.
El caso explotó en redes, donde cientos de usuarios compartieron experiencias similares: medicación que no llega, turnos que se pierden, derivaciones frenadas. La sensación es que OSEF se convirtió en un laberinto sin salida, donde la vida de las personas queda atrapada entre expedientes y sellos.
La muerte del vecino de Río Grande no solo duele: interpela.
Expone un sistema que ya no resiste más excusas y obliga a la dirigencia a asumir que la crisis de OSEF dejó de ser un problema administrativo para convertirse en un problema moral, político y social.
Fuente: Radio+ 104.9 Multimedia


