Cuando enseñar se vuelve un acto de soberanía
Con un paro por tiempo indeterminado, el SUTEF reclama un piso salarial de 3 millones de pesos para sacar a la docencia de la pobreza estructural. El gremio denuncia un modelo económico que endeuda a los trabajadores mientras sectores con rentas extraordinarias acumulan ganancias. Entre la crisis educativa, la inflación y la falta de respuestas oficiales, la tiza se convirtió en trinchera.
En Tierra del Fuego, la disputa salarial docente dejó de ser un conflicto sectorial para transformarse en una rebelión contra un modelo económico que empuja a la pobreza incluso a quienes sostienen la escuela pública. Con un paro por tiempo indeterminado, el SUTEF elevó la vara del reclamo: un piso salarial de 3 millones de pesos, cifra que incomoda al poder político pero que, según el gremio, es la única que permite cubrir las nueve necesidades constitucionales adaptadas al costo de vida fueguino.
La paradoja es brutal. Mientras el turismo celebra una ocupación del 87 por ciento con tarifas dolarizadas, el 95 por ciento de los trabajadores registrados de la provincia vive por debajo de la línea de pobreza. En ese contraste, Horacio Catena y Soledad Rottaris, referentes del sindicato, describen un territorio donde la soberanía se juega en las aulas y en los comedores escolares, no en los discursos de ocasión. “La mayoría de los docentes no llega a fin de mes y termina pagando alimentos básicos en cuotas con la tarjeta”, denuncian.
El salario inicial, que apenas supera el millón doscientos mil pesos, quedó pulverizado por la inflación y por un endeudamiento sistémico que convierte la vida cotidiana en una carrera contra los bancos. Frente a esa “bicicleta financiera” que ofrece el Banco de Tierra del Fuego, el gremio propone una salida estructural: una ley de desendeudamiento no bancario. La iniciativa plantea crear un fondo con las utilidades de la renta financiera y las regalías hidrocarburíferas para recomprar las deudas de consumo de las familias. El objetivo es devolver poder adquisitivo y reactivar el mercado interno, en lugar de seguir alimentando las ganancias del sistema financiero.
La propuesta se inscribe en un contexto nacional marcado por el ajuste del gobierno de Javier Milei, que recortó 17 programas educativos y dejó a las escuelas técnicas sin financiamiento. Para el SUTEF, la crisis educativa no es un accidente: es el resultado de un modelo que vacía las fábricas, precariza el empleo y convierte la docencia en un oficio de supervivencia. “La dirigencia política habla de derecho a la educación mientras las escuelas se caen a pedazos y los trabajadores se endeudan para comer”, cuestionan.
La mirada territorial del gremio es filosa. En Río Grande, donde la soberanía se respira en cada rincón, la docencia se transformó en el último dique de contención contra un esquema que busca convertir la vida trabajadora en una deuda perpetua. La lucha no es solo por el salario: es por el derecho a vivir dignamente en una provincia donde los recursos estratégicos generan riqueza, pero no bienestar.
Mientras esperan una oferta superadora del Gobierno provincial, Catena y Rottaris sostienen que el paro es una herramienta de defensa colectiva. En la isla del fin del mundo, la rebelión docente no solo interpela al poder político: también redefine qué significa soberanía en tiempos de extractivismo y miseria.